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la neurosis consiste en una variedad de condiciones de salud mental en las que
las personas pueden experimentar una preocupación excesiva, ansiedad,
y angustia emocional. Se origina de una combinación de factores genéticos, ambientales
y psicológicos: experiencias de la niñez, rasgos de personalidad y los
mecanismos de afrontamiento juegan un papel en el desarrollo de la neurosis.
Las causas exactas de la neurosis pueden variar de persona a persona, lo que
hace que cada experiencia sea única.
Algunas
personas pueden estar genéticamente predispuestas a la neurosis y otras pueden
desarrollarla debido a eventos traumáticos o enfermedades crónicas. Además, los
factores ambientales como la crianza, las influencias sociales y las
circunstancias de la vida también pueden contribuir al desarrollo de la
neurosis. Comprender la compleja interacción de estos factores es crucial para
abordar la neurosis y brindar apoyo.
Con 0.62 psicólogos
y 0.66 psiquiatras por 100,000 habitantes, Honduras según OPS cuenta en 2025 con
una de las tasas más bajas de atención a nivel de la región Latinoamericana; también
solo cuenta con un Hospital Psiquiátrico para pacientes crónicos y otro para
pacientes agudos.
A los
disparadores ambientales de la neurosis contribuyen en gran medida:
1.
Crisis
política permanente:
desde 2006 Honduras entró a una crisis nunca vista en la sociedad hondureña por
intentos de imponer un denominado sistema socialista democrático. La sucesión constitucional
impidió que esa aventura se concretara en 2009, y tuvo como corolario una polarización
de facciones a favor y en contra del lance que dividió a la población. En 2017
se concretó una reelección presidencial prohibida por la Constitución de la República
y en 2021, el intento del socialismo democrático ganó las elecciones,
sobresaliendo como el gobierno más corrupto e ineficiente de la historia democrática
hondureña desde 1980.
2.
Crisis
económica: con esquemas
empresariales determinados por oligopolios y monopsonios, la economía navega
entre intereses de grupos predominantes dedicados a la producción de bienes y
servicios. Como contrapartida los sindicatos blancos o no de trabajadores
defienden sus privilegios a capa y espada en contra de aquellos que no tienen
acceso a un empleo y a un ingreso.
3.
Crisis
social; La corrupción pública
tomó carta de ciudadanía de forma nunca vista en desastres de la administración
de salud tanto en el gobierno central como del Instituto de Seguridad Social
que ha sido saqueado para propósitos políticos y no se ha recuperado. En educación,
el sistema educativo público formal y técnico se descuidó en todos los niveles
obedeciendo a intereses populistas en lugar de centrarse en la capacitación del
capital humano.
Invasiones
de predios urbanos y rurales aumentan la conflictividad, la incertidumbre y la aversión
al riesgo de invertir. Recientes amenazas de nacionalizaciones, ausencia de la aplicación
de justicia, impunidad de delitos y crímenes, exacerban el daño en la salud
mental y física. El conflicto de herencias por la tendencia a no testar y el
irrespeto a la propiedad por parte de vendedores que luego ignoran las escrituras
de traspaso que gestionaron.
4.
Crisis
familiares: según el
INE, en 2018 el porcentaje de hogares desintegrados alcanzó 34%. Ese fenómeno fomenta
la criminalidad temprana de los jóvenes que se integran a pandillas. La emigración
obligada, también alimenta la desintegración familiar.
5.
Crisis
de seguridad: inseguridad
individual y colectiva por delincuencia común y organizada mantiene en zozobra permanente
a la población desde hace décadas, reflejada por el alto índice de robos,
asaltos y homicidios que apenas disminuyen.
6.
Reglas
de transito que no se
respetan y que exacerban los accidentes viales, los atropellos y las muertes,
sin que se vislumbre visos de solución a corto plazo de un problema
generalizado de la ley del más fuerte.
7.
Los
conflictos bélicos internacionales
focalizados y regionales que irrumpen el comercio internacional aumentando
precios y generando desabastecimiento, aumentan el estrés.
La falta de
recursos humanos y materiales y el estigma hacia la salud mental dificultan la búsqueda
de ayuda oportuna y agravan los casos. Es preciso aumentar la cantidad de
profesionales de la salud mental y brindar un mayor presupuesto que permita
atender un problema que con la crisis económica crónica del país y mundial, aumenta
rápidamente.
En Honduras incluso
a nivel privado el paciente con capacidad de sufragar con recursos propios la asistencia
y consejería de problemas mentales se enfrenta a la problemática de que el
mismo gobierno complica el suministro privado de productos controlados,
estableciendo condiciones cada vez más rigurosas con el supuesto de prever un
acceso no indicado por personal médico.
Por ejemplo, personal
médico odontológico que lidia con temas del dolor no está facultado para
prescribir productos controlados relativos a los pacientes que atienden.
El factor genético
de la neurosis es difícil de controlar, pero los ingredientes ambientales pueden
ser resueltos sí existe la voluntad política de hacerlo.