¿Cómo fue que pasamos de una fecundidad de 7,5 hijos en 1950 a 2,5 hijos en 2024? En un país fundamentalmente rural y agrícola de hace 75 años, la lógica económica predominante consistía en contar con el mayor apoyo en las labores vinculadas a la producción primaria.
La fuerza laboral femenina era
el 13% en 1950. La participación de la mujer en el mercado de trabajo
remunerado era mínima y su presencia en la función pública, limitada. En 1955,
la mujer obtuvo el derecho al voto y para 1957, 3 mujeres obtuvieron una butaca
en el poder legislativo. Hubo que esperar 20 años para contar con la primera
mujer alcaldesa; 47 para la primera presidenta de la Corte Suprema de Justicia
y 67 para la primera presidenta de la república.
En la década de los 60 podía
obtenerse una vivienda decente propia por USD 12,5 mensuales.
El nivel de escolaridad de las
mujeres en 1950 era de menos de 2 años.
En 1963 se dio el golpe más cruento
(en relación al tamaño de la población) en América Latina con 2000 muertos y
simultáneamente un número indeterminado de hondureños tuvieron que huir al
extranjero.
Con el apoyo de Estados Unidos
y otros países cooperantes se inició un esfuerzo de planificación familiar en los
años 70.
Antes de 1970, dada la
mayoritaria población católica, la tasa de divorcios era de 1,55 por mil
personas casadas. De 2018 hasta julio de 2023, en los Juzgados de Familia se
concedieron 27.962 divorcios, según las estadísticas del Poder Judicial. La
duración de los matrimonios es cada vez menor (3 años). En Honduras, el año
2025 cerró con un total de 1,472 divorcios registrados, una proporción
aproximada de un divorcio por cada cinco matrimonios en el país.
La rudimentaria economía
industrial hondureña se basaba en incentivos fiscales y la sustitución de
importaciones. En 1970, después de 12 años de déficits comerciales con
Centroamérica, Honduras se retiró del Mercado Común Centroamericano, un
esfuerzo integracionista que se adelantó a la Comunidad Económica Europea.
Honduras volvió a la integración parcial mediante tratados de libre comercio y,
50 años más tarde, el déficit con la región se ha vuelto crónico. Con el Brexit
ha ocurrido algo similar con una disminución del 14% de las exportaciones y del
10% de las importaciones.
En 1972, en una segunda ronda
de gobiernos militares, tuvieron lugar intervenciones en la tenencia de la
tierra (reforma agraria), incursiones en el capital popular a través de los
bancos, la nacionalización del vuelo forestal y la creación de la Corporación
Nacional de Inversiones, mientras se fortalecía la propiedad de los servicios
públicos existentes. Pronto, el gobierno se constituyó en macro empleador de
allegados a los uniformados y de partidos políticos en puestos burocráticos. En
la década de los 70 se dio un esfuerzo masivo de formación universitaria especializada
en el exterior con apoyo de cooperación externa y esfuerzos propios.
A inicios de los 80 inició la
práctica de subsidios a la mujer campesina, pero informes indican que los
recursos eran despilfarrados por sus parejas. Un patrón que siguió dándose con
los diferentes esquemas de apoyo a la mujer o a las familias de bajos ingresos
incluso con la participación de burócratas que ejecutan las entregas.
En 1985 el Gobierno de
Honduras inauguró la represa eléctrica más grande del país que inicialmente exportó
energía a Centroamérica y Panamá.
CONADI no duró más de 5 años y
se inició el proceso de desincorporación que culminó a finales de los 80. El
ajuste estructural que arrancó a partir de los 90, patrocinado por el Consenso
de Washington, desmontó las empresas públicas, fomentó la venta de
paraestatales y entidades públicas y, simultáneamente, creó cargas tributarias
de todo tipo que han reducido sustancialmente el ingreso disponible de las
familias.
Por tres décadas, el nivel de
escolaridad de la mujer se mantuvo relativamente bajo con respecto al hombre,
pero en la década de los 80 tuvo un repunte que en años recientes manifiesta
una superioridad en matrícula, permanencia y graduaciones a nivel universitario.
Con el advenimiento de los sistemas de computación, el rol de la mujer en el
mercado laboral aumentó ostensiblemente. De mecanógrafas “Remington” se transformaron
en asistentes expertas en trabajos que requerían destreza en labores computacionales.
Simultáneamente, las graduadas
universitarias se integraban al mercado de trabajo público y privado en casi
todos los campos. Esas ocupaciones dieron a la mujer acceso a ingresos cada vez
mayores en forma de salarios u honorarios. De hecho, es cada vez más frecuente
la condición de hipogamia donde la mujer provee más recursos que su pareja en
el hogar, así como la decisión creciente de hondureños de no procrear hijos.
En 1994 se dieron dos
fenómenos simultáneos. Se suspendió la cacería de jóvenes para el servicio
militar obligatorio e inició su reclutamiento al servicio de las pandillas y el
crimen organizado. Con esto coinciden el acoso y la violencia doméstica contra
jóvenes y mujeres que fueron desplazadas dentro del territorio nacional o
engrosaron la emigración al exterior. Migrantes hondureñas ponderaron los
riesgos de continuar en su país nativo versus la travesía vía terrestre de 2000
kilómetros plagada de peligros de violación, secuestro, asesinato, muerte por
inmersión o deshidratación, etc., dado el alto nivel de impunidad existente.
En más de tres generaciones a
partir de 1950, jóvenes varones y mujeres han decidido formar familias a una edad
cada vez más madura. Eso obliga a una menor procreación y reproducción que la
prevaleciente en décadas previas.
La globalización y el
neoliberalismo de las corporaciones que las potencias promueven no son simétricos
cuando se trata de emigrantes. Pero el Homo Economicus también se aplica a la
lógica de la mujer hondureña.