jueves, 22 de enero de 2026

Cuatro años perdidos

 “El tiempo perdido hasta los santos lo lloran”.  El socialismo democrático alcanzó el poder por el repudio del pueblo a 12 años consecutivos de abusos desde el poder. En Centroamérica, varios candidatos que cultivaron popularidad obtuvieron el poder para luego resultar en una pésima decisión a tal grado que alguno anda huyendo después de su mal gobierno.

En Honduras el candidato del Partido Liberal de 2025 ya corrió por su cuarto intento, luego de haber fundado primero el Partido Anticorrupción, PAC, 2013, en seguida como candidato del partido Libertad y Refundación, LIBRE, 2017; después con el Partido Salvador de Honduras PSH, 2021 cuando terminó haciendo alianza y cogobierno con LIBRE donde negoció la presidencia del Congreso Nacional cuyo titular pronto se adhirió a LIBRE. Salvador Nasralla renunció a su posición como designado presidencial y pasó a ser candidato del Partido Liberal.

La injerencia del Foro de Sao Pablo en la política hondureña desde 2008 ha sido notoria mayormente desde Venezuela. Manuel Zelaya perdió la presidencia en 2009 a causa de su insistencia en convocar ilegalmente a una Asamblea Nacional Constituyente para modificar la Constitución Política de Honduras.

Desde el día uno, el gobierno LIBRE no escondió su tenacidad en ejercer un autoritarismo más virulento que el manifestado por el Partido Nacional. Creó grupos de choque violentos denominados Colectivos, igual que en Venezuela y fue aumentando in crescendo su irrespeto a la Constitución y las leyes. El sectarismo se profundizó y los abusos superaron cualquier referente previo.

Para 2022 aumentó el presupuesto dejado por el gobierno anterior en L.50 mil millones. Rompió relaciones con Taiwán, abrió relaciones con China y mantuvo una posición hostil permanente contra el gobierno de Estados Unidos, que pasó factura a los miles de hondureños indocumentados que viven en USA y que representan el principal generador de divisas con sus remesas. No recibió cartas credenciales a embajadores de Israel, Unión Europea y otros países. Entre 2022 y 2025 se asignaron L. 1.6 billones de presupuestos, con magros resultados.

Derogó la Ley de Empleo por Hora que era un experimento para dotar de empleo a jóvenes estudiantes, adultos y a adultos mayores que por su edad no encuentran trabajo formal y habidos en ausencia de jubilación. Ahuyentó la inversión extranjera hostilizando a las maquilas y amenazó vehementemente con suprimir las exenciones fiscales. Cuatrocientos mil empleos se perdieron con esas acciones y el clima de incertidumbre detuvo la inversión nacional y extranjera potencial. 

Su inclinación al despilfarro y gastos innecesarios, redestinó recursos urgentes para salud, educación, seguridad e infraestructura. El gasto en propaganda para falsear éxitos y financiar campañas políticas con recursos estatales fue exagerado. En cuanto pudo, se apoderó de los tres poderes del Estado y del Ministerio Público y llegó a contar de aliado con un general de las Fuerzas Armadas, dispuesto a apoyar sus intenciones continuistas. Por primera vez, en la historia de Honduras, patrullas de la policía acarrearon materiales políticos y hasta banderas distintivas del partido en el poder.

Por cuatro años Honduras se mantuvo en vilo a causa de la desesperada intención de LIBRE de retener el poder a cualquier costo. Desde que nombró a su representante ante el Consejo Nacional de Elecciones, la consigna puesta en marcha se redujo a obstaculizar el normal desarrollo del proceso electoral que no cesó hasta que nuevas autoridades han asumido la gobernanza del Congreso Nacional.

En cuatro años, el pueblo hondureño ha enviado dos mensajes y ha despachado a dos gobiernos con votos. Probablemente esté preparado para más pruebas si la dirección del país no se enrumba por el camino debido. Los gobernantes actuales deberán apurar el paso para recuperar el tiempo perdido.

Corresponde ahora estabilizar: El tipo de cambio, las tasas de interés, el déficit comercial, el déficit fiscal, el arancel con USA, la inflación de precios, la canasta básica, el costo de vivienda, la atención pública en salud, la educación, la seguridad jurídica y personal, la infraestructura en proceso y nueva, y la contención de la corrupción. Todo sin la aplicación de nuevos impuestos.

Con austeridad, frugalidad, transparencia y una actitud comedida respecto al gasto público puede reiniciarse la ruta del desarrollo de Honduras.

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