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miércoles, 7 de octubre de 2020

MARCAS

 Hace unas décadas una empresa importante de Honduras sostuvo un contencioso con el Gobierno. La base del conflicto era deudas versus el abusivo comportamiento de la parte gubernamental al intervenir la empresa y desde luego usar su marca para operar. El litigio se resolvió con una compensación donde el empresario cobró US$ 10 millones, equivalentes a L.250 millones de hoy, por el uso impropio de su marca.

 

Conforme a Iván Díaz, Fundador de Branzai, la marca genera intangibles, crea variantes de percepciones y significados en sus audiencias, sus clientes.


Existen métodos cualitativos y cuantitativos para evaluar las marcas. En el ámbito cualitativo, su Fuerza, la lealtad del consumidor y estudios de atributos de la marca.  En el campo cuantitativo existen métodos para tener una visión más exacta sobre la marca y lo que aporta a la empresa, al mercado y a la categoría, que permite medir de manera precisa el buen enfoque de la marca y el valor que proporciona.

Las marcas son un activo importante, capaz de generar valor más allá de los productos y servicios, de sus activos y patrimonio. Se estima que el valor promedio de una marca ronda el 38% del valor total de la empresa.

Las valoraciones de la marca son utilizadas para establecerle un precio y utilizarlo para ventas, fusiones, adquisiciones o atracción de inversores.

Entonces, el valor de una marca se puede definir como la aportación monetaria que genera a la empresa, o la importancia que suscita la marca en sus audiencias en una categoría. 


Las marcas responden a las necesidades específicas de sus consumidores, generan deseo o contextos para la construcción de nuevas necesidades. Básicamente, las marcas intentan contestar a las varias percepciones del consumidor.

Las marcas juegan un rol determinante en la forma a la que se da respuesta a las ‘necesidades y deseos’ ya que transmiten el significado relevante y diferenciador que responda a esa percepción concreta de sus consumidores.

Para hacerse una idea del valor que tiene la marca en una categoría concreta, debe tenerse en cuenta:

1. Conocer mediante un estudio cuantitativo las preferencias de la categoría: qué busca, qué mueve, qué desea y qué necesita el público objetivo de la categoría: innovación, tradición, precio, cuidado, bienestar, exclusividad, practicidad, etc..
2. Qué papel juega la marca, cuanto importa la marca: consiste en conocer la capacidad que tiene la marca de generar diferenciación, seguridad, o  los significados adecuados para construir el imaginario que el consumidor está buscando.

Una marca no juega el mismo papel sobre una preferencia de ‘Tradición y Saber hacer’, que sobre uno de ‘Precio y Disponibilidad’.
En ‘Tradición’ se valorará más la presencia de una marca que garantice el proceso, genere confianza y aporte calidad. Mientras que si el consumidor busca ‘El Precio’ la marca tendrá menos relevancia para él.

Eso también es cuantificable, donde el consumidor desvela cuanto de importante es la marca para cada una de las variantes de preferencia  detectadas.
Cuando se sabe qué busca el consumidor, o qué valora en la variante de percepción respectiva, y qué peso tiene una marca en esa decisión, se puede extrapolar, genéricamente,  el valor que se está ofreciendo con la marca.

Si las ventas netas llegan a  L.10 millones (deducidos costos fijos y cargas fiscales), y la marca se construye sobre una variante de preferencia en donde el peso de la marca tiene un 20%, en el proceso de compra, el valor de la marca sobre las ventas es de L. 2 Millones de lempiras.

“La Marca no aumenta las ventas, pero sí que ofrece una herramienta para generar más valor a la compañía.”

domingo, 3 de marzo de 2019

TELEMARKETING

Suena el teléfono. El número en pantalla no está en su lista de contactos. La persona contactada, cliente potencial, está muy ocupada y duda en responder. Luego desecha la duda y decide contestar la llamada.
“¿Hablo con el señor XYZ?
“Sí, con el habla, ¿qué desea?”
“Tenemos referencias de usted como buen cliente y en tal virtud, estamos ofreciéndole una tarjeta club de la empresa ABC que le permite gozar beneficios inimaginables”
El cliente potencial, decide enfriar el asunto de manera rápida y expresa: “No me interesa”
La vendedora al otro lado de la línea toma muy personal la respuesta negativa y con una muestra del mayor irrespeto riposta: “¿O es que no tiene capacidad…?”
El cliente potencial, prudentemente, corta la comunicación. La insolente pregunta de la atrevida vendedora, pudo dar lugar a cualquier tipo de respuesta grosera y bien merecida.
El telemarketing es un servicio de venta o promoción de productos y servicios por teléfono. La disponibilidad de bases de datos de clientes que se trasiegan desde los registros nacionales de las personas hasta los directorios de las compañías telefónicas, pasando por las empresas dueñas de las redes sociales, permite el acceso a compañías, para contactar a multiplicidad de clientes potenciales.
La venta telefónica no tiene nada de malo. De hecho, ahorra costos tanto a los vendedores como a los compradores, cuando estos últimos están interesados en un determinado producto o servicio ofrecido. Lo infortunado es cuando las empresas entrenan pobremente a sus vendedores o sencillamente reclutan a personas que deberían buscar ocupación en cualquier otra actividad distinta de las ventas.
El afán por aumentar las colocaciones puede convertir al telemarketing en un medio invasivo e indeseable, cuando la actitud del vendedor en lugar de ser persuasiva se convierte en la de un energúmeno que imagina que lo que está ofreciendo, debe corresponder obligatoriamente a una respuesta afirmativa de la persona contactada. Una muestra más del autoritarismo que está penetrando casi todos los campos de actividad de la sociedad hondureña.