IEA. 2022. “Si se actúa de
inmediato en las economías desarrolladas, se puede reducir la demanda de
petróleo en 2,7 millones de barriles diarios durante los próximos cuatro meses”.
La IEA hablaba de medidas a ser tomadas para enfrentar la irrupción del
abastecimiento de petróleo y sus derivados como resultado de la invasión rusa a
Ucrania. En ese momento el argumento básico era la volatilidad y el incremento
de precios. Actualmente con el conflicto entre fundamentalmente Estados Unidos,
Israel e Irán, que ya se prolonga por mas de 1 mes sin visos de solucionarse,
la emergencia energética se ha profundizado mucho mas que hace 4 años causando
graves trastornos en la economía mundial y en unos países más que en otros.
Comparada con la crisis del
petróleo de 1973, cuando los países adoptaron medidas drásticas de restricción
del consumo de derivados, esta vez el impacto es mucho mayor pues mientras ese
año el PIB mundial alcanzó US$ 111.3 billones, el monto esperado del PIB para
2026 hubiera llegado a US$ 123.3 billones.
A pesar de que la importancia
del petróleo como fuente de energía en el mundo según ourworldindata ha
disminuido en términos absolutos y relativos de 32, 730 TWh en 1973, o 43
% a 55, 292 TWh o 30 %, el impacto en la economía continúa siendo suficientemente
importante como para urgir que los conflictos que provocan la irrupción del
suministro de petróleo sean resueltos a la mayor brevedad.
Honduras, según la secretaría
de Energía, en 2025 la matriz energética tiene un 55.2 % de oferta
eléctrica con generación de biomasa y eólica que ha crecido en los años recientes;
la generación térmica significa un 41 % y la importada 3.8 %. Por
otro lado, la importación de combustibles en ese mismo año fue US$ 2,380.2
millones, cuando las importaciones generales del país alcanzaron US$ 20, 474.6
millones.
La IEA sugería para 2022 las
diez medidas de ahorro de combustible siguientes:
1.
Rebajar los límites de velocidad en las autopistas
al menos 10 km/h.
2.
Teletrabajar hasta tres días por semana cuando
sea posible.
3.
“Domingos sin coches” en las ciudades.
4.
Abaratar el uso del transporte público e
incentivar la micromovilidad y los desplazamientos a pie y en bicicleta.
5.
Alternar el acceso de los vehículos privados a
las carreteras en las grandes ciudades.
6.
Alentar el uso de los coches compartidos y
adoptar prácticas para reducir el consumo de combustible.
7.
Promover una conducción eficiente en los
camiones y la entrega de mercancías.
8.
Optar por los trenes de alta velocidad y
nocturnos en lugar del avión cuando sea posible.
9.
Evitar los viajes de trabajo cuando existan
otras opciones.
10.
Reforzar la adopción de vehículos eléctricos y
más eficientes.
En sus sugerencias la EIA da
prioridad a aquellas que pueden ayudar a las economías desarrolladas a
propiciar un descenso notable de la demanda de petróleo a mediano plazo. En el
caso de países de menor desarrollo como Honduras, la movilización para el
ahorro energético debe abarcar hasta el comportamiento austero de los
ciudadanos en el consumo en el hogar y en las oficinas públicas y privadas.
Reducir el consumo de petróleo
debe ser una costumbre más allá de lo temporal cuando surgen conflictos. Es
deseable que las reducciones se mantengan, para mejorar la seguridad energética;
para abordar el cambio climático y para reducir la contaminación atmosférica.
Los gobiernos disponen de herramientas para reducir la demanda de petróleo
durante los próximos años, lo que apoyaría los esfuerzos para lograr objetivos
climáticos vitales.
Los gobiernos también deben
plantearse el acelerar transiciones hacia las energías limpias y reforzar
estrategias de emisiones netas cero. Para alcanzar las emisiones netas cero en
2050, en 2030 la demanda de petróleo de las economías desarrolladas debe reducirse
en más 15 millones de barriles diarios con respecto a la de 2021. Pero las
decisiones deben tomarse ahora para que se materialicen. Las medidas son
duraderas: se pueden esperar más reducciones de la demanda de petróleo en los próximos
años, en consonancia con la necesidad de reducir el consumo mundial del
petróleo para alcanzar las emisiones netas cero antes de 2050.
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