DEPORTES EXTREMOS
Existen en el mundo más
de 50 deportes populares extremos que practican algunas personas que se
entrenan de manera disciplinada y perseverante, precisamente para no perder la
vida en el intento. Entre mayor riesgo conlleva cada deporte extremo, menor es
el número de personas que lo practican. Evel Knievel, motociclista acrobático, Free Solo,
escalador de montañas y Stephen Robert Irwin, El Cazador de Cocodrilos son ejemplos
de la afición de los deportistas extremos por imponerse desafíos cada vez
mayores. Los dos últimos fallecieron en plena acción.
En Honduras, los automovilistas, motociclistas y
mototaxistas resultan los más atrevidos e irrespetuosos con las personas, las
leyes y las reglas elementales de urbanidad y de comportamiento público. No se
inmutan para correr a altas velocidades, conducir en contra, rebasar por
derecha e izquierda, circular apartando a peatones que utilizan las aceras,
donde hay o no están ocupadas por autos estacionados.
¡Les hiede la vida!
He observado frente a mi casa, a motociclistas echarse
un perico de droga para luego salir volando por donde se les ocurra circular,
poniéndose en riesgo ellos, a otros conductores y a peatones.
Los
resultados son trágicos y cada vez en ascenso. Nadie ni nada los detiene.
Un
conductor debe entender que los bulevares no son autopistas alemanas donde
puede alcanzarse 250 km/h. Acá se establece como máximo permitido 60 km/h. Pero
usted respeta esa regla y si va por el carril izquierdo, los conductores
apresurados lo hostigan con claxon, acercamientos en la “nuca”, etc.
Cuando
Gautama Fonseca fue secretario de Seguridad, aconteció una tragedia donde
fallecieron siete alumnos del Instituto Central. A partir de esa tragedia estableció
la regla de que nadie podía ir sentado en el borde de la paila de un pick-up
que fue respetada por un buen tiempo. Hoy se observan elementos policiales y
del ejército, que deben dar el ejemplo, sentados en los bordes y de hecho ya ha
habido uniformados víctimas fatales en accidentes de tránsito.
Volviendo
a los motociclistas, ellos constituyen el grupo de conductores más vulnerables,
pues su cuerpo se convierte en la “carrocería” del vehículo que conducen. El
uso mandatorio del casco no es por molestar. Es para que protejan la estructura
de su cuerpo y la parte más vulnerable, pues un golpe sin casco protector es
delicado y en caso de no morir puede dejar secuelas para el resto de la
existencia.
Ante
la ausencia de vigilancia, algunos motociclistas con gorra de cátcher, creen
que van suficientemente protegidos.
La
proliferación de motocicletas en las calles de Honduras no es casual. Es una opción
muy económica dada la ausencia de servicio público que les garantice su
seguridad en todo sentido. Pero la opción escogida debe garantizar la prevención
de su vida al conducir. No resulta inusual ver a una familia de cuatro
ocupantes en una moto que es para dos personas. Puede argumentarse cualquier razón
entendible, pero en ese caso duplican el peligro con su propia prole.
Hay
otros temas que considerar como los seguros por accidentes para lo cual tampoco
existe cultura y la prevención de las unidades vehiculares con el mantenimiento
oportuno y de calidad. Existe cualquier cantidad de talleres mecánicos en donde
si usted pregunta por certificaciones de los trabajadores encontrará que no
existe ese requisito y no es mandatorio por ley y por lo tanto para los
propietarios, tampoco.
La
incultura al conducir no se corrige con la imposición de multas. Tanto en aspectos
como salud, consumo de agua, electricidad y la tendencia de conducción como
deporte extremo requiere un esquema educativo de larga duración que debe
comenzar desde la escuela primaria, tanto para conductores como para peatones.
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