Según la RAE, un estereotipo es una imagen estructurada y aceptada por la mayoría de las personas como representativa de un determinado colectivo. Esta imagen se forma a partir de una concepción estática sobre las características generalizadas de los miembros de esa comunidad.
Para
Walter Lippmann, el pseudoentorno es una visión del mundo (diferente a “el
mundo”) que habita en nuestra mente y que es siempre incompleta frente a la
realidad. Y con frecuencia es también inexacta.
Siguiendo
el punto de vista de Lippmann, puede catalogarse como pseudostereotipo el
criterio que algunos grupos de personas establecen con respecto a sí mismos o
hacia los demás como mecanismo de descalificación.
Por
ejemplo, la autodenominación de “intelectual”, suele repetirse públicamente en
forma reiterada en el seno de la sociedad hondureña, para referirse a
individuos que parecen creer que tienen el monopolio del conocimiento, así como
el don de la palabra, de la escritura y del buen juicio.
Se desconoce la existencia de escuelas de
“intelectuales” en alguna parte del mundo.
¿O será que existe un determinado número de parámetros que permiten a las
personas “graduarse” de intelectuales por el grado universitario que ostentan,
los países en donde obtuvieron su educación, las universidades en las que
cursaron sus estudios, el número de libros, textos y materiales que han leído,
o cualquier otro criterio que los diferencie y distancie sustancialmente del
resto de los mortales?
Es usual encontrar reacciones de asombro como: ¿Y
quién es ese? Cuando se nombra a una persona no muy conocida en un cargo
importante dentro del engranaje gubernamental. O manifestaciones de soberbia
como: ¿Ahora vamos a hablar de literatura?, cuando un humilde lector de Rubén Darío
pretende conocer el criterio al respecto de un agrio “intelectual”.
“No todo lo que brilla es oro”. Y los seudo
intelectuales quizá descubran un día, que existen casos en el país de autores
literarios de calidad exquisita, que por razones que no es del caso elucubrar,
han producido sus escritos para el consumo exclusivo de sus parientes y amigos.
Los estereotipos se aprenden por la socialización de los individuos,
heredados de su cultura, de sus padres o de su familia. Son ciento por
ciento aprendidos, pero al incorporarse a la idea que se tiene del mundo y de
las personas resultan particularmente difíciles de erradicar.
Aun ante información irrefutable que los desmiente, los estereotipos
pueden sostenerse testarudamente. Por ello continúan transmitiéndose. El reciente
comentario racista de la senadora paraguaya es una evidencia palpable.
Los medios de comunicación, las redes sociales y la cultura son
importantes en la construcción o la deconstrucción de estereotipos. Por
ejemplo, cuando las ficciones que se absorben más frecuentemente perseveran en
mostrar a un tipo de personas de manera única, generalmente se está en
presencia de un estereotipo.
Algunas variedades de estereotipos se clasifican
dependiendo de la población sobre la cual tratan, por ejemplo:
Los estereotipos y prejuicios no solo se heredan;
también se crean y se alimentan. De esa forma, el afán de los seres humanos de
contar con prejuicios induce a encender su imaginación para formular todo un
entramado de nuevos esquemas sobre “nosotros y ellos”.
Los estereotipos modelan hasta cierto punto la percepción de la realidad
social, de modo que aquellas experiencias o individuos
que no se ajusten a ellos suelen ser considerados “raros”, “anormales” o
“excéntricos”, ya que contradicen lo que cada uno ha asumido y aceptado. Esto,
a la larga, hace que se filtre la información proveniente del mundo para
ignorar la que contradiga un estereotipo y a aferrarse a la que los refuerce.
Así nacen los prejuicios que son juicios previos,
generalmente negativos, que se hacen sobre personas desconocidas, a juzgar por
su pertenencia a un grupo social determinado. Los prejuicios suelen
impedir que se juzgue a la gente por quienes son individualmente, y a
menudo conducen hacia actitudes de desprecio o
abierta hostilidad, que pueden traducirse en discriminación y otras formas
de intolerancia.
Existen estereotipos de clase que son aquellos
que se basan en clases sociales entendidas como conjuntos homogéneos de
individuos. Y para cada clase surgen etiquetas y estereotipos de género.
El
estereotipo de género ha postergado el desarrollo de la humanidad. El
Population Reference Bureau (Oficina de Referencia de la Población, PRB, 2019)
estima que, desde hace unos 50.000 años, ha habido más de 108.000 millones
de Homo sapiens anatómicamente modernos. Claro que hacer este cálculo es
"en parte ciencia y en parte arte", como señala la propia
organización. 54 000 millones de mujeres se mantuvieron prácticamente fuera de
la fuerza de trabajo asalariada, como se la conoció a partir de 1900. La
hipótesis simple es que la participación económica de la mujer, como se conoce
ahora, pudo haber impulsado un desarrollo global mucho más rápido del planeta Tierra.
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