viernes, 6 de marzo de 2020

CONOCIMIENTO DE LA LEY


Ignorancia de la ley. [DCiv] Principio que establece que la ignorancia de las normas no excusa de su cumplimiento (ignorantia iuris non excusat). ... “Principio abstracto de eficacia normativa que impide alegar el desconocimiento de la norma como excusa para su obligatoriedad y cumplimiento”. www.enciclopedia-jurídica.com
El principio indicado, establecido en el Artículo 6 del Código Civil vigente se flexibiliza en el nuevo Código Penal hondureño en vacatto legis, que en su Artículo 39 expresa “no es culpable quien realiza una conducta punible con la falsa creencia que la misma no es delito o falta...” concepto que se conoce como error de prohibición.
Estar enterado de la ley, en el caso de Honduras donde existen más de 7,000 instrumentos dispersos de ese nivel no es posible como tarea para todos los individuos. En la legislación se agrega, los reglamentos, resoluciones e incluso comunicaciones derivadas que se convierten en normativa a conocer y cumplir por parte de los ciudadanos en general o de forma particular.
Desde los temas generales de derechos y obligaciones de los individuos, así como las conductas y acciones aceptables y rechazables, hasta el protocolo que encierra el manejo de una epidemia, están sujetos a norma y al final de cuentas, dependiendo del ámbito en el cual se desenvuelva cada persona, la normativa vinculada a ese ámbito debe ser objeto de conocimiento para evitar sorpresas, usualmente desagradables.
No se trata de dominar las leyes aprendiéndose de memoria sus artículos, si no, tener una noción de aquello que sumado al sentido común contribuya a conocer qué es posible realizar sin contravenir lo legalmente establecido.
Conocer las leyes es un ejercicio de elemental civismo y urbanidad para una mejor convivencia entre los ciudadanos de un país. Ahora, cuando se trata de asuntos de cualquier naturaleza que deban ser dirimidos por los tribunales, entonces, para ello es preciso buscar la participación de un profesional del derecho.


domingo, 23 de febrero de 2020

RESPONSABILIDAD


Cuando se trata de asumir responsabilidades desde asuntos baladíes, hasta acciones de alta relevancia las personas, entidades y los gobiernos buscan achacar los resultados de sus errores y sus falencias a otros. Y esta cultura de buscar chivos expiatorios está tan arraigada que, en cuanto a personas, no importa la edad; y cuando tiene que ver con entidades y gobiernos, no incumbe su tamaño.
En el campo individual, las personas no “botan “ni “derraman” algo. En la punta de la lengua tienen la explicación: “Se cayó”. En el caso de una colisión de autos, el culpable sugiere al inocente: “Usted paga lo suyo y yo pago lo mío” y el afectado hace un cálculo rápido de costo/beneficio y acepta la propuesta para evitar gastos de tiempo y dinero dando vueltas en la aseguradora y en tránsito. En este ámbito de los accidentes de tránsito, sí infortunadamente un peatón despistado impacta su auto y sufre lesiones, prepárese para ir a la cárcel y dormir al menos una noche en una cama de piedra.
Cuando se trata de actividades humanas que involucran a profesionales de ramas diversas, los que fallaron y cometieron la pifias se apresuran a indicar que la culpa es “compartida”, entre culpables e inocentes como un eufemismo de disminuir el tamaño del error.
Cuando los gobiernos se quedan cortos en la entrega de obras y servicios que se financian con impuestos, eluden el bulto y acusan de negligentes a todos los gobiernos anteriores, olvidando que se han despezuñado por escalar el poder y eso significa hacerse cargo de los activos y pasivos de la parte pública que les corresponde.
El argumento que Hitler utilizó para invadir Polonia fue que los germano-polacos solicitaron su intervención. Más recientemente, Rusia se ha quedado con Crimea, utilizando idéntico argumento, en cuanto a los habitantes rusos de esa porción de Ucrania.
Entonces, en la reticencia humana de eludir responsabilidades, se identifican al menos tres niveles cuando no se asume el daño causado: 1) Cuando el impacto provocado no resulta importante; 2) Cuando se pretende compartir un daño que causa gran impacto; y 3) Cuando el responsable proyecta su culpa hacia un inocente.

viernes, 7 de febrero de 2020

PROTOCOLOS DE SALUD

La salud no es un juego. Tampoco la farmacia puede ver al paciente como un consumidor de cualquier producto que el vendedor farmacéutico considera sucedáneo del indicado por el médico en una receta, independientemente de lo que se interprete como “ofrecer” en el Artículo 143 del Código de Salud.
Más allá del menosprecio al criterio y las preferencias del paciente, esa presión incómoda puede conducir al comprador a sustituir la farmacia con todo y cadena.  
Cuando un médico especialista o general prescribe determinado medicamento para un mal específico, es porque ha seguido un protocolo desde las características del paciente, el análisis de los síntomas, las pruebas de laboratorio con otros exámenes y finalmente ha determinado el diagnóstico apropiado para escoger qué medicamento y qué dosis indicar a su paciente para curar un mal pasajero o sobrellevar una enfermedad crónica.
En Honduras, pacientes que visitan algunas farmacias se tropiezan con cada vez mayor frecuencia, que, receta en mano, un vendedor o incluso el regente aparecen ofreciendo otra medicina, argumentando que tiene los mismos componentes y propiedades de lo prescrito, que es de mejor calidad y que resulta mucho más barata.  Ese modus operandi puede ser valedero como estrategia de marketing para determinados productos farmacéuticos, pero conlleva devastadores resultados en el paciente y su tratamiento.
Insistir y hasta discutir con un paciente para inducir algo distinto a lo indicado por el médico linda con la ausencia de profesionalismo y es un comportamiento irresponsable que debe ser objeto de atención y corrección por quien corresponda. Con la primera respuesta negativa del paciente al farmacéutico debe ser suficiente para dar por concluido el rol que le asigna el Artículo 143 del Código de Salud que no debe ser de carácter general y que convendría ser legalmente interpretado.
Por ejemplo, metformina de baja calidad dispensada a un paciente diabético puede provocar descompensaciones u otro tipo de daños colaterales. La lógica del farmacéutico que pretende modificar lo indicado por el galeno debe considerar que un paciente con receta de médico en práctica privada tiene capacidad de pago o toma muy en serio la calidad de salud a la que aspira.
Muy diferente es el caso del paciente que llega a la farmacia, recita los síntomas y busca resolver sus problemas de salud con lo que le disparen en la farmacia con indicaciones de prueba y error. En ese caso, quien asume el mayor riesgo es el propio paciente que efectúa un autodiagnóstico erróneo o incompleto y el farmacéutico concreta la tarea de intentar aliviar un mal con escasa información y a su vez incrementa las ventas.
Así como hay contenciosos por la denominada mala praxis, puede acontecer que un paciente afectado por inducción modificada de la prescripción firmada por su médico considere demandar a un establecimiento por haber confundido su delicado rol de atención a pacientes con el de suministro barato a consumidores de productos masivos. La economía en medicamentos para el tratamiento de enfermedades puede resultar contraproducente para el paciente.

sábado, 1 de febrero de 2020

MERCADO ACCIONARIO


Hace 50 años, un estudiante de economía en medio de una encuesta de establecimientos preguntó al propietario: “¿Por qué no levantar capital vendiendo acciones de su empresa al público?”. La respuesta del empresario fue rápida y demoledora: “¡Yo no voy a compartir mi esfuerzo convirtiendo a extraños en dueños de mi negocio!”
Según el Consejo Hondureño de la Empresa Privada, el 90% de las MIPYMES (2019) son de propiedad familiar y eventualmente como en la anécdota del encuestador económico, la tendencia de los negocios es mantener las decisiones de la empresa circunscritas al ámbito de los parientes. 
Hay hoy empresas grandes, multimillonarias en el país, cuyo esquema de propiedad también es familiar. Y ese modus operandi se repite en monstruos empresariales alrededor del mundo.
El asunto es que, para las empresas, crecer de manera rápida y a costos de financiamiento accesibles, la negociación de acciones en el mercado bursátil es condición indispensable. Eso se verifica con solo estudiar los esquemas de financiamiento que han seguido los recientes y actuales mega millonarios a nivel mundial.
Una publicación del Banco Mundial referida al 2018 revela lo siguiente:
 TABLA UNICA. Monto Acciones negociadas como porcentaje del PIB, 2018
CATEGORIA PAISES
MONTO ACCIONES NEGOCIADAS % del PIB
Ingreso alto
120.9
Ingreso mediano alto
70.1
Ingreso mediano
61.7
Ingreso mediano bajo
27.5
 Fuente: Federación Mundial de Bolsas
Es reveladora la tendencia decreciente de las acciones negociadas a medida que la categoría de los países en función del ingreso se reduce. Los países de ingreso bajo ni siquiera asoman en la estadística. Para Centroamérica sólo aparece Costa Rica con una proporción de 0.1%.
 Desde luego que existen otros factores que impiden el desarrollo de la emisión y compra de acciones. Como indica Pedro Romero en Mercado Accionario en Honduras, 2019, conspiran en contra del desarrollo de un mercado accionario, entre otros, la competencia de los bonos públicos y de entidades financieras, la insuficiente regulación e institucionalidad y la desconfianza del público frente esquemas fallidos de productos financieros que culminaron en pérdidas para los inversionistas.
Entonces, a las aprehensiones de los empresarios por temor a perder el control de sus negocios a través de la negociación abierta de acciones, se suma las dudas de los inversionistas particularmente individuales, quienes también temen perder sus ahorros en esquemas de bolsa que después de 30 años, no han contado con las condiciones necesarias para superar la etapa incipiente.


sábado, 25 de enero de 2020

EMPRESAS Y MANIFIESTO DAVOS 2020


De acuerdo con el Foro Económico Mundial, trabajar con las partes interesadas (stakeholders) es el objetivo de la empresa creando valor, compartido y sostenido. Es cumplir además de los accionistas con empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y sociedad en general. Es establecer un compromiso común sobre las políticas y las decisiones que alienten la prosperidad de las empresas en el largo plazo.
El compromiso con los clientes es cumplir con sus necesidades; promover la competencia leal; desmarcarse de las prácticas corruptas; proteger la seguridad cibernética; y garantizar bienes y servicios funcionales producidos sin causar daño ambiental.
El encargo de las empresas con sus empleados es un trato digno y respetuoso. Promover el mejoramiento continuo de las condiciones laborales y el bienestar de sus trabajadores; alentar la capacitación de las competencias existentes y generar espacios para nuevas capacidades.
La responsabilidad de las empresas con los proveedores es considerarlos socios en la creación de valor; no discriminar la entrada de nuevos participantes; e integrar el respeto por los derechos humanos en todos los eslabones de la cadena de suministro.
Su acuerdo con la sociedad en general es apoyar a las comunidades donde trabaja y responder equitativamente con sus obligaciones tributarias; proteger la seguridad de los datos de los stakeholders; garantizar un ambiente sano para las generaciones futuras; y ampliar de forma continua el conocimiento, la innovación y la tecnología para el bienestar de todos.
Respecto a los accionistas la empresa debe procurar un rendimiento a las inversiones que supere los riesgos e innovar permanentemente, así como gestionar siempre la creación de valor para obtener beneficios sostenibles sin menoscabar el futuro en la búsqueda de los beneficios inmediatos.
La empresa multinacional, además de sus compromisos con las partes interesadas es también un stakeholder que comparte el futuro con los gobiernos, la sociedad civil y otras empresas con el objetivo de moldear y construir un porvenir mejor en beneficio de todos.

lunes, 20 de enero de 2020

CENTAVOS DE ANGUSTIA


El comportamiento inquieto se manifiesta de múltiples formas y vinculado a innumerables acciones cotidianas.
En el caso específico de algunos conductores de automóvil, es notoria su intranquilidad en dos ámbitos: El tiempo que trascurre y que implica el pago por estacionamiento o la urgencia innecesaria de aprovechar la luz verde de un semáforo hasta conducir en contravía.
En cuanto a estacionamientos, la lógica económica del angustiado conductor puede ser disparada por una marcada mezquindad, tacañería. Sea en clínicas médicas, un centro comercial, una oficina burocrática o la calle, donde un cuidador de carros vigila el automóvil con tarifas que están llegando a niveles de los estacionamientos de lujo, el conductor de automóvil sufre la ansiedad del minutero que, como en el taxímetro, le está indicando que, a más tiempo transcurrido, mayor será el monto para desembolsar por un espacio de parqueo.
La prisa que hace presa del inquieto conductor influye en su urgencia por culminar la tarea que anda realizando, pues lo está esperando un instrumento que significa gasto, no importa sí está parado y más aún, sí lo pone en movimiento. Esa prisa puede enervar su carácter, olvidar objetos o sencillamente tener cualquier inconveniente cuando ha perdido la calma.
Y es la máquina en movimiento donde la angustia del conductor de automóvil coloca en mayor riesgo su seguridad y la de otros automovilistas y peatones. El cruce del semáforo en verde puede estar a 100 metros de la unidad que conduce y su paciencia se pone a prueba cuando percibe que los carros delante suyo, se mueven lentamente y presiente que no alcanzará a cruzar. El hace cuentas. Eso le acarreará gasto de combustible con esperas de hasta de 3 minutos con el motor en vacío.
La exasperación del motorista angustiado induce a una de las maniobras de conducción de automóviles más atrevida y peligrosa: La circulación contravía, causa de gran cantidad de colisiones, choques, lesiones y accidentes fatales.
La reflexión sugerida a conductores con comportamientos peligrosos está relacionada a un simple análisis costo/beneficio: Comparar los centavos que “ahorra” sometiéndose a un estrés inútil, versus los miles que deberá enfrentar sí por su culpa ocurre un accidente con daños materiales y peor aún, sí su proceder causa de lesiones y víctimas fatales.


martes, 7 de enero de 2020

ACCIDENTE


Ya sea que se trate de un asunto casero, como el daño a un electrodoméstico, o tenga que ver con un accidente de tránsito, los causantes -automáticamente- intentan eludir su responsabilidad y en caso de que el evento acarree consecuencias civiles, penales y pecuniarias, a toda costa se busca culpar exclusivamente a los demás. Y sí se da la oportunidad, infligir el mayor castigo al supuesto culpable.
En cuanto a accidentes de tránsito, la tendencia generalizada es imputar al conductor del auto y con el expediente de informes pobremente elaborados o sesgados, intentar pretensiones sobredimensionadas de resarcimiento de daños no acordadas previamente entre las partes. La negativa a arreglos oportunos puede dar lugar a contenciosos ruinosos para los involucrados. Y en un buen porcentaje de los casos, ha sido el peatón quien ha contribuido al evento por su negligencia, sí son adultos o por la irresponsabilidad de quienes están a su cargo, sí la víctima es un menor.
Por otro lado, quienes huyen de la escena del accidente sin prestar ayuda a la persona atropellada igual que aquellos que se hacen los desentendidos cuando saben que no existe parte de tránsito, eluden sus obligaciones, y hasta amenazan a quienes los requieren para responder por los daños causados, escapan impunemente al proceso que establece la ley.
Paradójicamente, la actitud delincuencial de los elusivos se revierte en contra de aquellos que con responsabilidad y entereza enfrentan la situación y las consecuencias de un accidente. Y la recompensa de los responsables es sufrir maltratos físicos y psicológicos en recintos policiales mezclados con peligrosos delincuentes; tener que contratar una defensa onerosa; o enfrentar hasta la cárcel, donde las posibilidades de perder la vida son muy altas.
Nadie en su sano juicio desea participar deliberadamente en un atropellamiento o cualquier otro tipo de accidente. Y la decisión de remitir un sospechoso a la cárcel puede satisfacer sentimientos malévolos o vengativos, pero destruye la posibilidad de ingresos para resarcir daños, constituyéndose en una solución autodestructiva de perder-perder.
Pretender responsabilizar de los accidentes solamente a los conductores, induce a los peatones a una falsa sensación de seguridad y al incremento de accidentes que podrían prevenirse. Las señales de tránsito son construidas y utilizadas para ser observadas por conductores y peatones. Los despistes de adultos respecto a sí mismos o en relación con los menores que los acompañan deben ser objeto de campañas permanentes, masivas e intensas, para contribuir a reducir el número de accidentes de tránsito y sus consecuencias.