miércoles, 16 de febrero de 2022

EL SOBERANO

 El 27 de noviembre de 2021 los hondureños fuimos a elecciones generales para elegir nuevas autoridades en la dirección del país. El voto generó un entrecruce de resultados que sus principales beneficiados seguramente han analizado a esta altura para entender el mensaje del pueblo, el soberano. Los resultados relativos en los tres niveles de elección fueron:

Honduras. Tabla Única. Elecciones generales 2021. En porcentajes.

PARTIDO

PRESIDENCIA

CONGRESO

ALCALDIAS

LIBRE

51

39

17

NACIONAL

37

34

49

LIBERAL

10

17

30

Fuente: Consejo Nacional de Elecciones

Para el partido ganador del nivel presidencial y consecuentemente del poder ejecutivo es importante entender dos temas claves: 1) Que su coalición con el Partido Salvador de Honduras fue insuficiente para garantizarle la mayoría simple en el congreso; y) 2) Que casi el 80% del poder local (los municipios) quedó distribuido en los partidos Nacional y Liberal.

El impasse generado en el congreso, que aún tiene visos de no haberse resuelto de manera definitiva al menos políticamente, ha complicado las expectativas que puede haber tenido LIBRE respecto a los resultados esperados. La realidad es que una vez resuelto el tema del congreso, habrá que entrar en negociaciones con los otros partidos para pasar leyes que requieran los 65 votos y un poco más complicadas, cuando se trate de temas de mayoría calificada que requieren 86 diputados (62.3% del congreso) a favor.

Democracia, como afirmó Abraham Lincoln es el “gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. El escudo de la República de Honduras expresa que la nación es: “libre, soberana e independiente”. Soberano, es una alusión referida a quien preside una monarquía. Y tal expresión más bien puede crear confusión sí un partido que solo ha ganado el poder ejecutivo intenta adjudicársela como única representación del pueblo, el soberano.

El triunfo de LIBRE ha sido impresionante. Pero la distribución de poder que decidió el pueblo, obliga a generar las indispensables alianzas para concretar la agenda popular de crecimiento y desarrollo con justicia y equidad que exige el país luego de un lapso prolongado de acciones y decisiones en perjuicio del pueblo.

LIBRE debe aprovechar la oportunidad que a nivel presidencial le ha otorgado el 51% del pueblo de Honduras para dirigirlo por mejores derroteros. Pero la impresión de un resonante triunfo en ese nivel no debe confundir a sus líderes que un juego de conceptos y palabras que se usan en otras latitudes será condición suficiente para asumir que el pueblo hondureño está esperando algo que no ha pedido, explícitamente. 

domingo, 6 de febrero de 2022

QUID PRO QUO

 “Una cosa por otra”.  El 27 de noviembre de 2021, Honduras asistió masivamente a las urnas para desplazar del poder político de la nación a un grupo de personas que tenía como denominador común autoritarismo, corrupción, irresponsabilidad, maldad, irrespeto al estado de derecho y ausencia de empatía con los gobernados, entre otras características que dañaron al pueblo por 12 años continuos.

Una de las principales críticas a la administración que ha salido del Poder Ejecutivo, pues mantiene la segunda fuerza en el Congreso Nacional y el control de la Corte Suprema de Justicia, fue la concentración de poder y el abuso que ejercieron emitiendo leyes para limpiar desafueros cometidos de todo tipo. Lo hicieron meses antes de su salida. Ahora, sin certeza que lo legislado está basado en derecho, el gobierno entrante sanea pecados cometidos de 2006 a junio de 2009 y posteriores, algunos de los cuales tienen la condición de imprescriptible según la constitución hondureña.

El poder del voto ha permitido a los actuales gobernantes del poder ejecutivo acceder al mando de la nación que de manera lenta se va conformando, puesto que la mayoría de las entidades descentralizadas y desconcentradas se encuentran sin titulares o esperando sustitutos. Este es un asunto déjà vu en los inicios del gobierno de 2006 y que insiste en reincidencia evidenciando falencias de anticipación y preparación para gobernar.

El mandato del pueblo a los actuales gobernantes fue claro y contundente.  Pero al mismo tiempo no otorgó un cheque en blanco para que continuara la administración de desmanes. La estructura tanto a nivel de los tres poderes del estado como en el ámbito local (alcaldías) quedó conformada de tal manera que eliminó el poder absoluto que funcionó en los últimos 12 años, pero con mayor ímpetu en el último cuatrienio con un gobierno espurio que no debió existir, pues se constituyó mediante una reelección inconstitucional.

El pueblo hondureño, a pesar de todas sus dificultades ha demostrado una y otra vez, la madurez política necesaria que impidió que las guerras civiles ocurridas en el vecindario tuvieran cabida en la nación hondureña. Una madurez que no observa correspondencia por parte de la clase política que ofrece resolver los problemas del país cuando demuestra reiteradamente su vocación natural a profundizarlos. La ausencia de congreso nacional por doce días, desintegrado en dos facciones del partido que ganó el ejecutivo, evidencia la gravedad de la ausencia de lucidez en momentos que se requiere iniciar a marcha forzada la corrección de dificultades heredades. Herencia a la que no conviene culpar de todo lo que está en pausa, cuando parte del diferimiento innecesario es responsabilidad de la nueva administración. Y cuando se busca con denuedo el poder de la nación, se sabe que se adquieren activos y pasivos aparte que gobernar no es tarea fácil. Quejarse, es preocupante señal de numerosas debilidades.

Es urgente que el país retome la normalidad. La crisis del congreso está provocando la pérdida de tiempo precioso. Y salvo que exista alguna agenda escondida, el impasse debe resolverse a la mayor brevedad. Por el bien de gobernantes y gobernados, más éstos que, durante casi 60 días, esperaron con ilusión y esperanza el arribo de un nuevo amanecer. El pueblo hondureño no espera ni desea un quid pro quo.