jueves, 27 de agosto de 2020

EL SUEÑO

 

El maestro de educación primaria concluyó que su futuro estaba más allá de la ciudad calurosa en donde residía. Empacó sus pertenencias y se unió a una caravana de comerciantes que a lomo de mula hicieron 72 horas de marcha forzada para arribar a Tegucigalpa. Era la estación seca de 1943. Contrajo nupcias. Se dedicó al estudio autodidacta y en 12 años constituyó aquello que se convertiría en el capital de su familia: 6 hijos.

Seis hijos que en un lapso de 25 años se convirtieron en profesionales universitarios, 5 de ellos con especialidades obtenidas en el exterior. Es la historia repetida de miles de padres hondureños pertenecientes a la Silent Generation cuyos descendientes nacieron en la generación de los Baby Boomers de los Estados Unidos.

Las condiciones de la segunda mitad del siglo pasado fueron más propicias para la absorción de capital humano con formación sólida. Y los costos y oportunidades de educación, tanto en Honduras como en el exterior, fueron mucho más asequibles.

Hubo numerosos casos de hondureños de las generaciones Silent y Baby Boomers, que debieron emigrar de manera forzada por razones políticas y hacer su vida fuera del país. Hoy, las oleadas de emigración responden más a factores de inseguridad, falta de oportunidades y condiciones económicas y sociales.

Los costos públicos y privados de la educación hoy son onerosos. En Honduras y en el extranjero. El costo promedio de educación universitaria en Estados Unidos, destino preferido de los hondureños ha aumentado 31 veces en los últimos 50 años (Yahoo Finance).

Cuando la frustración por las condiciones generales del país hace aconsejar a otros menores que ellos, que su sueño está fuera de Honduras, es preciso tener en cuenta que está demostrado, emigrar no siempre responde al libre albedrío. Algunas circunstancias pueden obligar a abandonar el país, no importa la edad que se tenga.

El padre de un amigo emigrado de un país centroamericano le decía: “Patria es el lugar donde te sientas cómodo y bienvenido”. Uno, pertenece al lar donde nació. Y sí, las incomodidades son soportables y quizá no duren tanto como otras etapas oscuras de la patria, es importante, en un mundo cada vez más plagado de estereotipos discriminadores, soportar según el nivel de tolerancia de cada uno, las duras condiciones que debieron superar nuestros ancestros.

 

jueves, 13 de agosto de 2020

TELEMEDICINA

 

En 2013, el paciente se encontraba en Madrid en una corta estadía de trabajo. Al día siguiente de su arribo a la capital española le apareció un problema dermatológico. Sin tiempo disponible por una agenda apretada, recurrió a su dermatóloga en Tegucigalpa a 8,448 kilómetros de distancia. Con el apoyo de un selfi enviado por WhatsApp, la doctora hizo el apropiado diagnóstico y tratamiento. No siempre todas las historias tienen un final similar.

La telesalud o telemedicina, nació con la diseminación del telégrafo. Luego según Clinic Clouds, en abril 1924, un artículo de Radio News presentó una visión futurista del uso de la televisión y la radio para facilitar la comunicación remota entre médico y paciente.

El uso de video, imágenes y datos médicos complejos surgió a finales de la década de los 50 e inicios de 1960. En 1959 la Universidad de Nebraska utilizó la telemedicina para transmitir exámenes neurológicos. Los viajes espaciales impulsaron la telemedicina para monitorear a los astronautas. Finalmente, internet revolucionó la telemedicina incluyendo educación en salud, transmisión de imágenes, consultas interactivas en tiempo real y medición de signos vitales.

En Honduras la telemedicina fundamentalmente educativa inició en la década de los 70, tanto por televisión como por radio. Aún existen programas nacionales radiales de telesalud de amplia audiencia con participación interactiva médico-paciente. Por TV se transmiten programas que incluyen el tema sanitario y aspectos vinculados a salud deportiva.

La epidemia del COVID-19 ha incrementado la telemedicina y muy probablemente se convertirá en un esquema de atención que irá perfeccionándose con el tiempo.

Es previsible suponer que la sofisticación de la telemedicina será más rápida en la medida que los pensum educativos a todos los niveles incluyan el tema de salud tanto individual como colectiva. Para sacar mayor provecho a la telemedicina, se debe partir de un mayor conocimiento del paciente para contribuir con el médico en la determinación del apropiado diagnóstico y tratamiento.

Las tecnologías de información asociadas a la práctica de la telemedicina deberán funcionar de forma asequible a las grandes mayorías y de manera eficaz. Las “caídas del sistema” resultarán imperdonables en medio de una consulta médica interactiva en tiempo real. También, la atención sistemática de los médicos exigirá mayor organización, puesto que deberán mantener a mano el expediente del paciente.

La telemedicina no funcionará en todos los casos, situaciones y circunstancias. Por ejemplo, un paciente por primera vez debe ser evaluado en consulta presencial. Luego, dependiendo de los síntomas del paciente, habrá casos en donde la interacción personal será ineludible.

COVID-19, ha agregado la telemedicina como un elemento más a sus efectos de largo plazo. Aquello que hace 100 años se consideró una visión futurista se ha convertido en otra práctica cotidiana del quehacer humano.

sábado, 1 de agosto de 2020

BIOSEGURIDAD POR COVID-19


Luego de los ataques de septiembre 11, 2001, para prevenir reincidencias, los gastos en seguridad y bioseguridad incrementaron el costo de la vida a los habitantes del mundo entero. Un evento que duró  horas cambió la historia de la población planetaria para siempre.
Lo mismo está aconteciendo y acontecerá con la pandemia del Covid-19. Con una gran diferencia, éste es un asunto continuo que lleva 5 meses de duración y se desconoce su permanencia futura. Sí se anticipa, que además de las secuelas como enfermedad, está modificando y modificará la existencia de los habitantes de la tierra.
Las medidas de seguridad y bioseguridad que exige la convivencia con COVID-19 son mucho más exigentes, amplias y onerosas que las que se utilizaron como respuesta inmediata y se siguen usando ante amenazas terroristas. El vector que trasmite el virus es todo individuo. En el caso del terrorismo, su contención se basa en un reducido número de personas. Con COVID-19 todo mundo es sospechoso: sintomático o asintomático.
Los agentes económicos (empresas, gobiernos e individuos) están erogando y seguirán presupuestando gastos inesperados en la contención permanente del virus.
Los gobiernos, deberán fortalecer los sistemas de salud no sólo en lo concerniente a la pandemia, pero también garantizar un mejor estado de salud para la población en general. COVID-19 ha evidenciado la vinculación entre enfermedades preexistentes prevenibles y el éxito del virus en hospedarse en receptores con salud precaria. Aunado a los sistemas de salud, deberá garantizarse el suministro de agua y apropiados sistemas de saneamiento. Adicionalmente, corresponde a los gobiernos vigilar el cumplimiento de los protocolos de seguridad aplicables a empresas y población en general.
Ninguna actividad económica y tampoco ningún individuo ha escapado al impacto de COVID-19. El distanciamiento social, el uso de mascarillas, el lavado constante de manos y las demás medidas de higiene ocasionan mayores gastos que afectan el punto de equilibrio de los negocios y los ingresos de los individuos. El teletrabajo ha desplazado costos de las empresas a gastos familiares de las personas con posibilidad de desarrollar sus labores desde el hogar.
La composición del producto interno bruto sufrirá cambios proporcionales en cada país, similares al tamaño de las brechas que deben cerrar para fortalecer sus sistemas de salud y protección social (educación, seguridad social, etc.). También deberán revisarse las canastas básicas que sustentan las bases para medir los índices de precios al consumidor, por cambio en el peso de bienes y servicios que exige la contención del virus.
El impacto de COVID-19 no tiene que resultar en un juego de suma cero. La IV Revolución Industrial, la inteligencia artificial y la robótica que parecieran haber pausado su ritmo, contribuirán a romper el circuito de ganadores y perdedores, para retomar y elevar el nivel de bienestar de las poblaciones a nivel mundial.
El retroceso en el crecimiento y desarrollo económico provocado por COVID-19 puede convertirse en un paso hacia atrás para tomar impulso hacia un salto de garrocha en beneficio de todos. Pero, ese evento no será autónomo ni precovidiano. Requerirá de la voluntad deliberada de los espacios de poder a nivel internacional, nacional, sectorial e individual. Exigirá cambios en los paradigmas del desarrollo, de las políticas de estado, del comportamiento de los individuos. Demandará el surgimiento de un espíritu más solidario.