domingo, 23 de febrero de 2020

RESPONSABILIDAD


Cuando se trata de asumir responsabilidades desde asuntos baladíes, hasta acciones de alta relevancia las personas, entidades y los gobiernos buscan achacar los resultados de sus errores y sus falencias a otros. Y esta cultura de buscar chivos expiatorios está tan arraigada que, en cuanto a personas, no importa la edad; y cuando tiene que ver con entidades y gobiernos, no incumbe su tamaño.
En el campo individual, las personas no “botan “ni “derraman” algo. En la punta de la lengua tienen la explicación: “Se cayó”. En el caso de una colisión de autos, el culpable sugiere al inocente: “Usted paga lo suyo y yo pago lo mío” y el afectado hace un cálculo rápido de costo/beneficio y acepta la propuesta para evitar gastos de tiempo y dinero dando vueltas en la aseguradora y en tránsito. En este ámbito de los accidentes de tránsito, sí infortunadamente un peatón despistado impacta su auto y sufre lesiones, prepárese para ir a la cárcel y dormir al menos una noche en una cama de piedra.
Cuando se trata de actividades humanas que involucran a profesionales de ramas diversas, los que fallaron y cometieron la pifias se apresuran a indicar que la culpa es “compartida”, entre culpables e inocentes como un eufemismo de disminuir el tamaño del error.
Cuando los gobiernos se quedan cortos en la entrega de obras y servicios que se financian con impuestos, eluden el bulto y acusan de negligentes a todos los gobiernos anteriores, olvidando que se han despezuñado por escalar el poder y eso significa hacerse cargo de los activos y pasivos de la parte pública que les corresponde.
El argumento que Hitler utilizó para invadir Polonia fue que los germano-polacos solicitaron su intervención. Más recientemente, Rusia se ha quedado con Crimea, utilizando idéntico argumento, en cuanto a los habitantes rusos de esa porción de Ucrania.
Entonces, en la reticencia humana de eludir responsabilidades, se identifican al menos tres niveles cuando no se asume el daño causado: 1) Cuando el impacto provocado no resulta importante; 2) Cuando se pretende compartir un daño que causa gran impacto; y 3) Cuando el responsable proyecta su culpa hacia un inocente.

viernes, 7 de febrero de 2020

PROTOCOLOS DE SALUD

La salud no es un juego. Tampoco la farmacia puede ver al paciente como un consumidor de cualquier producto que el vendedor farmacéutico considera sucedáneo del indicado por el médico en una receta, independientemente de lo que se interprete como “ofrecer” en el Artículo 143 del Código de Salud.
Más allá del menosprecio al criterio y las preferencias del paciente, esa presión incómoda puede conducir al comprador a sustituir la farmacia con todo y cadena.  
Cuando un médico especialista o general prescribe determinado medicamento para un mal específico, es porque ha seguido un protocolo desde las características del paciente, el análisis de los síntomas, las pruebas de laboratorio con otros exámenes y finalmente ha determinado el diagnóstico apropiado para escoger qué medicamento y qué dosis indicar a su paciente para curar un mal pasajero o sobrellevar una enfermedad crónica.
En Honduras, pacientes que visitan algunas farmacias se tropiezan con cada vez mayor frecuencia, que, receta en mano, un vendedor o incluso el regente aparecen ofreciendo otra medicina, argumentando que tiene los mismos componentes y propiedades de lo prescrito, que es de mejor calidad y que resulta mucho más barata.  Ese modus operandi puede ser valedero como estrategia de marketing para determinados productos farmacéuticos, pero conlleva devastadores resultados en el paciente y su tratamiento.
Insistir y hasta discutir con un paciente para inducir algo distinto a lo indicado por el médico linda con la ausencia de profesionalismo y es un comportamiento irresponsable que debe ser objeto de atención y corrección por quien corresponda. Con la primera respuesta negativa del paciente al farmacéutico debe ser suficiente para dar por concluido el rol que le asigna el Artículo 143 del Código de Salud que no debe ser de carácter general y que convendría ser legalmente interpretado.
Por ejemplo, metformina de baja calidad dispensada a un paciente diabético puede provocar descompensaciones u otro tipo de daños colaterales. La lógica del farmacéutico que pretende modificar lo indicado por el galeno debe considerar que un paciente con receta de médico en práctica privada tiene capacidad de pago o toma muy en serio la calidad de salud a la que aspira.
Muy diferente es el caso del paciente que llega a la farmacia, recita los síntomas y busca resolver sus problemas de salud con lo que le disparen en la farmacia con indicaciones de prueba y error. En ese caso, quien asume el mayor riesgo es el propio paciente que efectúa un autodiagnóstico erróneo o incompleto y el farmacéutico concreta la tarea de intentar aliviar un mal con escasa información y a su vez incrementa las ventas.
Así como hay contenciosos por la denominada mala praxis, puede acontecer que un paciente afectado por inducción modificada de la prescripción firmada por su médico considere demandar a un establecimiento por haber confundido su delicado rol de atención a pacientes con el de suministro barato a consumidores de productos masivos. La economía en medicamentos para el tratamiento de enfermedades puede resultar contraproducente para el paciente.

sábado, 1 de febrero de 2020

MERCADO ACCIONARIO


Hace 50 años, un estudiante de economía en medio de una encuesta de establecimientos preguntó al propietario: “¿Por qué no levantar capital vendiendo acciones de su empresa al público?”. La respuesta del empresario fue rápida y demoledora: “¡Yo no voy a compartir mi esfuerzo convirtiendo a extraños en dueños de mi negocio!”
Según el Consejo Hondureño de la Empresa Privada, el 90% de las MIPYMES (2019) son de propiedad familiar y eventualmente como en la anécdota del encuestador económico, la tendencia de los negocios es mantener las decisiones de la empresa circunscritas al ámbito de los parientes. 
Hay hoy empresas grandes, multimillonarias en el país, cuyo esquema de propiedad también es familiar. Y ese modus operandi se repite en monstruos empresariales alrededor del mundo.
El asunto es que, para las empresas, crecer de manera rápida y a costos de financiamiento accesibles, la negociación de acciones en el mercado bursátil es condición indispensable. Eso se verifica con solo estudiar los esquemas de financiamiento que han seguido los recientes y actuales mega millonarios a nivel mundial.
Una publicación del Banco Mundial referida al 2018 revela lo siguiente:
 TABLA UNICA. Monto Acciones negociadas como porcentaje del PIB, 2018
CATEGORIA PAISES
MONTO ACCIONES NEGOCIADAS % del PIB
Ingreso alto
120.9
Ingreso mediano alto
70.1
Ingreso mediano
61.7
Ingreso mediano bajo
27.5
 Fuente: Federación Mundial de Bolsas
Es reveladora la tendencia decreciente de las acciones negociadas a medida que la categoría de los países en función del ingreso se reduce. Los países de ingreso bajo ni siquiera asoman en la estadística. Para Centroamérica sólo aparece Costa Rica con una proporción de 0.1%.
 Desde luego que existen otros factores que impiden el desarrollo de la emisión y compra de acciones. Como indica Pedro Romero en Mercado Accionario en Honduras, 2019, conspiran en contra del desarrollo de un mercado accionario, entre otros, la competencia de los bonos públicos y de entidades financieras, la insuficiente regulación e institucionalidad y la desconfianza del público frente esquemas fallidos de productos financieros que culminaron en pérdidas para los inversionistas.
Entonces, a las aprehensiones de los empresarios por temor a perder el control de sus negocios a través de la negociación abierta de acciones, se suma las dudas de los inversionistas particularmente individuales, quienes también temen perder sus ahorros en esquemas de bolsa que después de 30 años, no han contado con las condiciones necesarias para superar la etapa incipiente.