sábado, 25 de enero de 2020

EMPRESAS Y MANIFIESTO DAVOS 2020


De acuerdo con el Foro Económico Mundial, trabajar con las partes interesadas (stakeholders) es el objetivo de la empresa creando valor, compartido y sostenido. Es cumplir además de los accionistas con empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y sociedad en general. Es establecer un compromiso común sobre las políticas y las decisiones que alienten la prosperidad de las empresas en el largo plazo.
El compromiso con los clientes es cumplir con sus necesidades; promover la competencia leal; desmarcarse de las prácticas corruptas; proteger la seguridad cibernética; y garantizar bienes y servicios funcionales producidos sin causar daño ambiental.
El encargo de las empresas con sus empleados es un trato digno y respetuoso. Promover el mejoramiento continuo de las condiciones laborales y el bienestar de sus trabajadores; alentar la capacitación de las competencias existentes y generar espacios para nuevas capacidades.
La responsabilidad de las empresas con los proveedores es considerarlos socios en la creación de valor; no discriminar la entrada de nuevos participantes; e integrar el respeto por los derechos humanos en todos los eslabones de la cadena de suministro.
Su acuerdo con la sociedad en general es apoyar a las comunidades donde trabaja y responder equitativamente con sus obligaciones tributarias; proteger la seguridad de los datos de los stakeholders; garantizar un ambiente sano para las generaciones futuras; y ampliar de forma continua el conocimiento, la innovación y la tecnología para el bienestar de todos.
Respecto a los accionistas la empresa debe procurar un rendimiento a las inversiones que supere los riesgos e innovar permanentemente, así como gestionar siempre la creación de valor para obtener beneficios sostenibles sin menoscabar el futuro en la búsqueda de los beneficios inmediatos.
La empresa multinacional, además de sus compromisos con las partes interesadas es también un stakeholder que comparte el futuro con los gobiernos, la sociedad civil y otras empresas con el objetivo de moldear y construir un porvenir mejor en beneficio de todos.

lunes, 20 de enero de 2020

CENTAVOS DE ANGUSTIA


El comportamiento inquieto se manifiesta de múltiples formas y vinculado a innumerables acciones cotidianas.
En el caso específico de algunos conductores de automóvil, es notoria su intranquilidad en dos ámbitos: El tiempo que trascurre y que implica el pago por estacionamiento o la urgencia innecesaria de aprovechar la luz verde de un semáforo hasta conducir en contravía.
En cuanto a estacionamientos, la lógica económica del angustiado conductor puede ser disparada por una marcada mezquindad, tacañería. Sea en clínicas médicas, un centro comercial, una oficina burocrática o la calle, donde un cuidador de carros vigila el automóvil con tarifas que están llegando a niveles de los estacionamientos de lujo, el conductor de automóvil sufre la ansiedad del minutero que, como en el taxímetro, le está indicando que, a más tiempo transcurrido, mayor será el monto para desembolsar por un espacio de parqueo.
La prisa que hace presa del inquieto conductor influye en su urgencia por culminar la tarea que anda realizando, pues lo está esperando un instrumento que significa gasto, no importa sí está parado y más aún, sí lo pone en movimiento. Esa prisa puede enervar su carácter, olvidar objetos o sencillamente tener cualquier inconveniente cuando ha perdido la calma.
Y es la máquina en movimiento donde la angustia del conductor de automóvil coloca en mayor riesgo su seguridad y la de otros automovilistas y peatones. El cruce del semáforo en verde puede estar a 100 metros de la unidad que conduce y su paciencia se pone a prueba cuando percibe que los carros delante suyo, se mueven lentamente y presiente que no alcanzará a cruzar. El hace cuentas. Eso le acarreará gasto de combustible con esperas de hasta de 3 minutos con el motor en vacío.
La exasperación del motorista angustiado induce a una de las maniobras de conducción de automóviles más atrevida y peligrosa: La circulación contravía, causa de gran cantidad de colisiones, choques, lesiones y accidentes fatales.
La reflexión sugerida a conductores con comportamientos peligrosos está relacionada a un simple análisis costo/beneficio: Comparar los centavos que “ahorra” sometiéndose a un estrés inútil, versus los miles que deberá enfrentar sí por su culpa ocurre un accidente con daños materiales y peor aún, sí su proceder causa de lesiones y víctimas fatales.


martes, 7 de enero de 2020

ACCIDENTE


Ya sea que se trate de un asunto casero, como el daño a un electrodoméstico, o tenga que ver con un accidente de tránsito, los causantes -automáticamente- intentan eludir su responsabilidad y en caso de que el evento acarree consecuencias civiles, penales y pecuniarias, a toda costa se busca culpar exclusivamente a los demás. Y sí se da la oportunidad, infligir el mayor castigo al supuesto culpable.
En cuanto a accidentes de tránsito, la tendencia generalizada es imputar al conductor del auto y con el expediente de informes pobremente elaborados o sesgados, intentar pretensiones sobredimensionadas de resarcimiento de daños no acordadas previamente entre las partes. La negativa a arreglos oportunos puede dar lugar a contenciosos ruinosos para los involucrados. Y en un buen porcentaje de los casos, ha sido el peatón quien ha contribuido al evento por su negligencia, sí son adultos o por la irresponsabilidad de quienes están a su cargo, sí la víctima es un menor.
Por otro lado, quienes huyen de la escena del accidente sin prestar ayuda a la persona atropellada igual que aquellos que se hacen los desentendidos cuando saben que no existe parte de tránsito, eluden sus obligaciones, y hasta amenazan a quienes los requieren para responder por los daños causados, escapan impunemente al proceso que establece la ley.
Paradójicamente, la actitud delincuencial de los elusivos se revierte en contra de aquellos que con responsabilidad y entereza enfrentan la situación y las consecuencias de un accidente. Y la recompensa de los responsables es sufrir maltratos físicos y psicológicos en recintos policiales mezclados con peligrosos delincuentes; tener que contratar una defensa onerosa; o enfrentar hasta la cárcel, donde las posibilidades de perder la vida son muy altas.
Nadie en su sano juicio desea participar deliberadamente en un atropellamiento o cualquier otro tipo de accidente. Y la decisión de remitir un sospechoso a la cárcel puede satisfacer sentimientos malévolos o vengativos, pero destruye la posibilidad de ingresos para resarcir daños, constituyéndose en una solución autodestructiva de perder-perder.
Pretender responsabilizar de los accidentes solamente a los conductores, induce a los peatones a una falsa sensación de seguridad y al incremento de accidentes que podrían prevenirse. Las señales de tránsito son construidas y utilizadas para ser observadas por conductores y peatones. Los despistes de adultos respecto a sí mismos o en relación con los menores que los acompañan deben ser objeto de campañas permanentes, masivas e intensas, para contribuir a reducir el número de accidentes de tránsito y sus consecuencias.