domingo, 24 de noviembre de 2024

JOVENES: POLITICA Y DESEMPLEO

 

Honduras ha iniciado el proceso de ir a elecciones generales en el año 2025. El voto es la participación accionaria en el Estado del ciudadano.

Algunos datos electorales y de mercado de trabajo que caracterizan a la población convocada son:

ELECTORALES

Población total: 11,005, 849 (Population Pyramid)

Electores convocados. 5,841, 364 (CNE)

Electores menores de 25 años: 2,372,124, 41%

Electores mayores de 60 años: 487, 270, 8%

Electores de 25 a 60 años: 2,981,970, 51%

DESEMPLEO

Fuerza de trabajo (FT): 3, 889,760 (STSS,2023)

Subempleo: 1, 976, 825

Subempleo por ingreso insuficiente: 1,280,762

Subempleo por tiempo insuficiente: 696,063

Desempleo abierto: 105,760

Tasas de participación en la FT menores 25 años: de 15 a 18=44%; de 19 a 24= 65%

Pedro José Muñoz en Diálogo Político indica que la política para los jóvenes conlleva un gran reto, en el que deben converger valores y conocimientos que atiendan a las necesidades de su nación.

Algunas características de los políticos a cargos de elección popular revelan la paradoja donde numerosas masas de jóvenes en condiciones económicas y sociales precarias deciden con su voto quienes se encargarán por cuatro años de la gobernanza del país con sus numerosos privilegios.

 

Muñoz resalta el contraste de retratos, grandes eventos, palacio, placas de inauguración, etc. alejados de la realidad que vive la mayoría de la población y que ilustran el triste panorama de desigualdad que los mismos políticos solo critican antes de acceder al poder, donde la profundizan.

La mitad de la población hondureña, menor de 25 años que sufre penurias por la desigualdad debe negociar el valor del voto y exigir a cambio aquello que les corresponde como ciudadanos y miembros de un sociedad más justa y equitativa. El acaparamiento de poder y abuso que han acumulado los políticos no lo van a soltar sin exigencia y lucha.

 

Los jóvenes deben rechazar espejismos que contienen los ‘planes de gobierno’ por acciones efectivas en la práctica. Tienen que romper con la burla continuada, prolongación de sufrimiento, desesperanza y la urgencia de buscar el bienestar en otros países.

Algunos datos que retratan a nuestros políticos:

Responsabilidades tributarias: para elecciones de 2021, 93% de los precandidatos a puestos de elección popular no pagaban tributos.

Concentración de puestos: el nepotismo y su principal característica, ‘los familiones’.

Racionalidad en el gasto: aumentan los ingresos tributarios, pero no dan muestra de recato en salarios, viajes, seguridad, transporte, etc. congruente con la austeridad que pretenden imponer a los demás.

Primer reconocimiento: El precio por voto que el gobierno paga al político electo.

Anticorrupción: Honduras tiene 18 años sin acceder a las donaciones de la Cuenta del Milenio de Estados Unidos.

Servicios: Deprimente situación en salud y educación.

Imperio de la ley: impunidad para correligionarios; persecución a opositores.

Compensación: El votante recibe más cargas tributarias; menos servicios; más maltratos, etc. por ser accionista de la empresa ‘Estado’.

A los jóvenes corresponde modernizar los partidos políticos y enfrentar la corrupción que los corroe. La cuota de poder de los jóvenes en los partidos debe tener una doctrina de servicio, un rol activo y consistente del vínculo entre partidos y sociedad. ¡El establishment no cambiará!

La economía es la brújula de la política. Sin crecimiento económico no habrá empleo, ingreso y mejores condiciones de vida. Estribillos y eslóganes no colocan viandas en la mesa ni resuelven las múltiples necesidades.

 

Es un trabajo arduo de formación, discusión y consensos que deben promover instituciones sólidas e independientes que permitan el desarrollo de las libertades individuales, el libre mercado, la competencia y el emprendimiento. El Estado como árbitro debe permitir que el mercado se desarrolle plenamente, minimizar los favoritismos o la existencia de monopolios con poder económico unilateral.

Por otro lado, el debate económico debe tener en su agenda la discusión sobre el desarrollo de las patentes y tecnologías. El conocimiento y la información valen más que el oro. El valor de ciertas empresas hoy es mayor que el PIB de países.

La tecnología como aliada

A través de la tecnología puede lograrse control del accionar de los dirigentes y sus decisiones para ser auditables y fortalecer el control ciudadano.

Esto facilitaría canalizar la voz de aquellos que son marginados por el sistema o se sienten apartados por burocracias ineficientes, elementos que corroen el sistema democrático (O’Donnell, 2014). Los ciudadanos no sienten la respuesta de sus líderes o dirigentes, pierden la fe en los partidos tradicionales para buscar auxilio en falsos «mesías» de la anti política, outsiders con promesas de eficiencia, efectividad y puño de hierro que luego terminan convirtiéndose en figuras autoritarias.

 

La prevalencia del régimen democrático depende de la modernización de los partidos políticos. El rol de los jóvenes es consolidar partidos competitivos arraigados en una doctrina de servicio que vele por las libertades del individuo, funcionarios públicos cercanos a las necesidades de las personas y plataformas transparentes que fortalezcan la participación ciudadana, todo en el marco de una planificación económica que se adapte a los retos del mañana y permita el desarrollo pleno de cada individuo.

 

jueves, 7 de noviembre de 2024

DEMOCRACIA Y VARIANTES

 

La democracia griega nacida en Atenas, perfeccionada durante veinticinco siglos sufrió modificaciones en los siglos XX y XXI que alteraron su concepto tradicional.

Reforzada con la declaración de los 30 derechos humanos proclamados por Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, ha sufrido embates que, bajo diversas denominaciones abusando del apellido ‘democrático’, pretenden destruirla en la práctica. Por ejemplo, desde su fundación en julio de 1921, el Partido Comunista de China ha crecido en 100 años a casi 92 millones de miembros, que representan 6,6 por ciento de la población total de China.

Según Ricardo Israel, Infobae enero 2023, la democracia siempre ha estado amenazada desde distintas orientaciones políticas, en lugares diferentes y bajo distintas culturas. Pero ha logrado sobrevivir a estos desafíos. La resiliencia de la democracia y su unión con los derechos humanos en su versión más perfeccionada ha sido positiva para el progreso de la humanidad, incluyendo al Estado de Derecho, como garantía de las libertades.

En décadas recientes enemigos tradicionales como las dictaduras militares, el comunismo o el fascismo, han sido sustituidos por una nueva variante de autoritarismo que se originó en países desarrollados y se ha internacionalizado hacia sociedades menos prósperas y estables, presentándose en algunos lugares como una derivación posmoderna del capitalismo: el llamado capitalismo “woke”.

Se inició en universidades, al interior del progresismo, y con las redes sociales ha adquirido un gran despliegue en numerosas partes del mundo. El nombre “woke” proviene del idioma inglés y alude al despertar, la necesidad de “estar despiertos” e “iluminar” a otros, a través del activismo.

Nació con aspectos positivos como la justicia social y la equidad racial junto a otros negativos como la intolerancia y la descalificación de aquellos que piensan distinto.

El wokismo se auto presenta como una suerte de posdemocracia, que tiene una propuesta económica adecuada al siglo XXI y a la globalización, sobre todo, en temas de género y raciales, además de proponer todo un discurso de cambio de época en torno al tema climático, promoviendo la desaparición de las energías tradicionales, aunque no tengan un reemplazo para ellas.

Ataca a la democracia y a las instituciones republicanas. El movimiento woke trajo a Occidente su propia versión de revolución cultural china. Se inicia en el plano ideológico, y la versión más extrema del movimiento aspira a imponer sus ideas y proyectos al resto de la sociedad.

Este movimiento de las elites combate la herencia de la ilustración, incluyendo aportes a la humanidad como la libertad de pensamiento y la libertad de opinión. En lo que se unen ambas es en derribar estatuas y borrar la presencia en el espacio público de lo que no les gusta, aplicando a siglos anteriores una lectura actual, y, por lo tanto, distorsionada, de hechos que simplemente no pueden igualarse por el tiempo transcurrido (el islamismo en Europa).

No atacan al sistema económico, respetando y aun promoviendo el carácter capitalista, pero sí dañan a las instituciones republicanas, sobre todo a la democracia y el diálogo que se necesita para para poder funcionar y prosperar.

Y algo más, no solo se desconoce al otro como igual en democracia, sino que además y en forma muy característica, se intenta controlar nada menos que el lenguaje, la familia, la educación, la religión, la producción de ideas y hasta el nombre de ellas, promoviendo un metalenguaje que recuerda el 1984 de Orwell y su ministerio de la verdad.

No creen en la búsqueda del consenso en la actividad política, dificultando algo de lo mejor de la democracia, que, como sistema de poder, su ventaja sobre cualquier otro radica en permitir y promover la resolución pacífica de los conflictos.

Un profundo retroceso ocurre en varias universidades, instituciones que durante casi un milenio se distinguieron en la defensa y promoción de la libertad, lo que condujo a que fueran intervenidas por monarquías, iglesias, diferentes dictaduras, golpes de estado y similares. La tragedia hoy, en pleno siglo XXI, en muchas universidades, aun en algunas de gran prestigio, sin vivir en sistemas totalitarios, se presencia en occidente la persecución de quienes son críticos o disidentes, aceptando así a la intolerancia (actual conflicto árabe-israelí).

El éxito del wokismo ha sido notorio en grandes empresas globales, que no solo producen bienes y servicios, sino sobre todo usan ese inmenso poder para que inclinen la balanza a favor de una de las posiciones que compiten en el mercado político, en cada uno de los temas que para ellos son importantes, casi siempre en nombre de lo que llaman “justicia social”.

Son guerreros de sus causas y a diferencia de los monopolistas, los activistas billonarios no solo defienden intereses, aportando la novedad que buscan además imponer sus ideas al resto de la sociedad. Es la negación de instituciones tan importantes como la libertad de opinión y una forma de corrupción de ellas, ya que aprovechan la unión entre un programa político y el poder económico para imponerse a rivales. Nada más notorio que la censura selectiva que han utilizado las grandes empresas tecnológicas, sobre todo, en países desarrollados.

Se expresan con hipocresía en la crítica a la democracia de Occidente, en contraste con su falta de ataque a China, país donde al igual que en muchas naciones islámicas, no existe aquello por lo que dicen luchar, por ejemplo, el respeto a las minorías raciales y las disidencias sexuales.

Del wokismo aparece una nueva elite, deseosa de los mismos privilegios de aquella que busca desplazar, una mezcla de clase dominante en lo económico con una nomenklatura en lo político.