viernes, 3 de noviembre de 2023

ESCENARIO DEL DELITO

 

La ilegalidad y la corrupción son películas de cine continuado que se exhiben de manera interminable.  Constituyen comedia para sus actores principales, secundarios y dobles. Indefectiblemente, esa comedia se transforma en tragedia para los espectadores y víctimas que son afectados directamente como resultado de los actos ilegales y corruptos.

El guion y secuencia de imágenes de la película es invariable. Sólo es objeto de ciertos ajustes usualmente facilitados por avances tecnológicos. La trama es la misma, desde que los actores descubrieron que se trataba de un crimen que podía cometerse sin preocuparse mucho por el castigo. Al menos en ciertos contextos.

Los actores de la obra no fueron a escuelas de teatro alguna. Aprendieron sus habilidades en donde nacieron y se criaron. Con sus parientes, amigos, camaradas, compañeros de estudio o de trabajo. Como en cualquier otra conducta criminal, el corrupto delincuente tiene que contar con la predisposición y la determinación de realizar su tarea. No importa quien caiga. Se aseguran de antemano que los operadores de justicia estén sesgados a su favor.

La sala de este cine carece de domicilio fijo, determinado. El montaje y el rodaje se ejecutan en cualquier lugar reservado escogido por el director y los actores para desarrollar el secreto guion.

El director, actor principal y los actores secundarios de la obra afinan la edición y saben que el éxito de esta depende entre otras, de algunas condiciones básicas:

·        Valores morales precarios de la población en general.

·        Marco legal ornamental: Constituciones, convenios internacionales, códigos, leyes, reglamentos, resoluciones y manuales. Marco normativo creado para combatir el delito y la corrupción, que no se aplica. Al contrario, se crean normas para estimularlos. Dentro de esta última categoría se incluyen, leyes constitutivas, decretos y resoluciones para compras de emergencia; cubrir plazas ‘vacantes´; o cualquier asunto que el director de la película le asigne urgencia conveniente o calculada.

·        Marco institucional público sometido y controlado: poderes del estado, secretarías de estado, alcaldías, gubernaturas, auditoras, fiscalías, observatorios, comisiones, comisionados.

·        Oposición política mediatizada y/o coludida con el poder público.

·        Marco financiero deficiente: magros o dispendiosos recursos asignados a las entidades que combaten el delito, la corrupción o que supuestamente defienden la institucionalidad.

·        Operadores de justicia dependientes.

·        Aparato mediático y de redes sociales desorientador.

·        Sistemas poco transparentes de las funciones públicas y privadas.

·        Licitaciones no competitivas u oscuras y normativa vacía o contradictoria.

Entre pequeños y grandes actos, la película continúa. Los supervisores, inspeccionan de espaldas al escenario. A diferencia del resto de los crímenes, los investigadores eluden evaluar los motivos, los instrumentos y las víctimas. En lugar de buscar la verdad, encubren y justifican el delito. De esa manera, los actores continúan desarrollando la obra encadenada en episodios a sabiendas que habrá un rezago temporal entre el momento de los actos criminales y cuando los espectadores se percaten y sufran su verdadera trama y sus penosas consecuencias.

 

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