viernes, 8 de junio de 2018

CORREGIDOR

No se trata del tipo de funcionario que España adoptó de Roma y que tenía responsabilidades importantes para el funcionamiento de algunos asuntos públicos durante la época colonial.
Se trata de la costumbre cada vez más enquistada en sectores de las sociedades modernas de corregir a los demás, que con los instrumentos que facilita internet a través de las redes sociales, ha alcanzado niveles de comportamiento epidémico.
Se ha convertido en una suerte de ejercicio, tratar de inducir a los participantes activos de las redes, que se enmarquen en ciertos patrones -que no son fáciles de dominar- como las reglas de la gramática.
Quizá la tolerancia, sea una buena idea para quienes andan por las redes corrigiendo a los que cometen gazapos gigantescos al escribir. Por muy bondadosas que sean las intenciones del corregidor, puede exponerse a recibir una reacción y una respuesta desproporcionada a su altruista intención.
En un grupo de WhatsApp de una ciudad intermedia, cierto participante corrigió un error ortográfico a otro partícipe. La respuesta casi inmediata fue: “Corrija a su mamá que fue mi maestra de español”.   
Desde luego hay otras áreas en donde los corregidores se sienten tentados a gestionar las funciones de los antiguos oficiales coloniales e innecesariamente se ven inmersos en agrias disputas epistolares, que definitivamente no son cartas de afecto.
Facebook está probando la posibilidad de utilizar karaoke en su plataforma. Y es loable que FB ponga al mundo a cantar frente a tanto incidente triste. Pero, en esta faceta de las habilidades artísticas, donde las sensibilidades personales son mayores, podría acontecer que los corregidores intenten convertirse en jueces de cantantes-artistas aficionados. Entonces, veremos transformarse las disputas en las redes, para convertirse en verdaderas reyertas.

Así que como en el cuento del WhatsApp arriba, la respuesta podrá ser: “Díselo a tu papá que fue mi maestro de música”.

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